lunes, 22 de febrero de 2016

Aquellos días en Muy Muy

Comenzaba mis años de pubertad cuando tuve el chance de conocer Muy Muy, Matagalpa. Fue mi primera fuga de la ruidosa Managua, de hacer maletas para dormir fuera de casa por varios días, de realizar el recorrido más extenso en bus, de tener una historia distinta de mis vacaciones de la escuela.

Luis fue quien provocó este escape. Él era de Muy Muy y vino a estudiar su carrera universitaria a Managua. Llegó a mi casa por petición de un primo mío, que era amigo de él, quien solicitó a mi mamá la posibilidad de hospedaje solidario porque ya no le estaba alcanzando para la renta.

Luis viajaba a su tierra cuando tenía vacaciones de la universidad y nos invitaba a ir a conocer a su casa y pasar unos días, él lo veía como retribución al apoyo que tenía en casa. Por un tiempo compartió cuarto conmigo y luego le acondicionaron otro espacio.

Cuando mi mamá le tomó la palabra de viajar a Muy Muy, me llevó con ella. Obvio que iba emocionado. Fue para mí una aventura memorable: el frío, el verdor de los paisajes, la comida, la hospitalidad, el transitar por otras tierras, respirar intensamente en esos vientos norteños, conocer más allá de la burbuja capitalina.

La casa de Luis estaba en la entrada de Muy Muy, cerca de la terminal de buses. Su mamá -maestra, costurera y panadera- le había invertido a la casita para contar con lo necesario. Era ella con apoyo de su mamá y hermanas quienes contribuían a los estudios de este chico y la crianza de sus otros tres hermanos.

Frente a su casa había un cerro bien arbolado. Ese paisaje aún lo conservo intacto en mis recuerdos. Disfrutaba la vista matutina y en las noches era común tertuliar en el corredor, con esa vista y la compañía del frío nocturno.

Uno de sus hermanos rápidamente mostró simpatía conmigo y me despertaba cada día a las cinco de la mañana para ir a traer leche recién ordeñada a la finca de su abuelo. El camino era largo pero encantador. Quebradas, variedad de árboles, gente camino a sus trabajos que saludaban o sonreían con este muchacho y conmigo. Lo que si me resultaba aterrador era el entrar a la finca: pasar entre un montón de vacas que temía me hicieran algo, aunque si bien nunca pasó ningún evento que lamentar.

Aquí me la pasé comiendo delicias: frijol camagua con cuajada, gallo pinto cocido con crema, güirilas, tamales, elotes, atol.

Conocí el río La Cruz. Luis y sus hermanos nos mostraron atajos para ir a zonas del río donde podía darse un chapuzón -bueno yo con mi panita, solo era un adolescente que no sabía nadar-. El trayecto era extenso y se debía cruzar muchos cercos, un puente y enramadas. Fue hermoso al llegar. Una zona boscosa, el sonido del recorrido del agua entre las piedras, el estado frío del caudal. Este río contaba una historia de duelo en esta familia: hace unos años había muerto por ahogamiento uno de los hermanos y ya no lo frecuentaban como antes.

Entre otros sucesos que compartir, una de las noches cuando todos dormían, quedé viendo televisión con los muchachos de esta familia. De pronto, cambiando canales, pasaron por uno que había pornografía –heterosexual- y ya no cambiaron más y yo… y yo… ¿qué creen? ¡Era mi primera vez con semejantes escenas frente a mis ojos!

Nunca antes había visto cuerpos completamente sin ropa en plena relación sexual. Sobre todo, no había visto un cuerpo masculino con sus rincones más ocultos expuestos a la cámara sin censura y ahí fue donde se centró mi atención. Entre la pena, la curiosidad y el placer, me disfruté aquellas escenas que me quedaron grabadas.

Me dio escalofríos, así como cuando cae agua bien fría sobre el cuerpo en la ducha matutina. Me erecté, me humedecí, tenía cara de susto. Vimos ese canal hasta que cerró programación.


Ese viaje significó mucho. Fue la primera vez que me oxigené en tierras norteñas, de tener un encuentro cercano con la naturaleza, despertar con el canto de aves, conversar con gente del campo. Aquí descubrí la pornografía, reafirmé mi atracción por cuerpos masculinos, en aquellos años de pubertad cuando “eso” era mi secreto. Luego de un tiempo, Luis se fue de la casa y perdió contacto. Y también, luego de un tiempo ser homosexual dejó de ser un secreto para mí.

Imagen tomada de http://www.mapasnicaragua.net/muy-muy_matagalpa.html