jueves, 30 de abril de 2015

¿No te parece un delito esa “propuesta indecente”?


En nuestra cultura sostenemos y fomentamos el abuso sexual, tanto que hasta nos llegan a gustar, coreamos y bailamos canciones que describen escenas de este delito.

Desde luego, no cuestionamos esos discursos que naturalizan el abuso sexual porque el macho intérprete “canta bonito”, “es mi cantante favorito”, “la canción es pegajosa”, “tiene buen ritmo”, “está de moda” o porque “está guapo”. Justificaciones siempre sobran.

Es altamente preocupante que en las radios, en nuestra play list, en Youtube, en spot publicitarios, centros recreativos, etc., estas canciones figuren como si el abuso sexual no estuviera tipificado como un delito y más escalofriante aun, que exista un público masivo que consume y que da pauta a que en el imaginario colectivo se coloque la idea de que se puede dominar, poseer, cosificar a otra persona sin su consentimiento o conocimiento para su propia satisfacción sexual.

Por muchos años el movimiento feminista y los grupos de mujeres en todo el mundo, han hecho un enorme trabajo por visibilizar y denunciar las agresiones sexuales que mayormente son cometidas por hombres sobre los cuerpos de mujeres, niñas, niños y adolescentes.

Se ha logrado tener claridad de que el delito del abuso sexual más allá de la penetración, abarca también todo contacto físico -tocamientos, masturbación, sexo oral- así como la ausencia de contacto -exhibicionismo, erotización con relatos de historias sexuales, vídeos- películas-fotografías-.

Propongo repasar algunas canciones que buscan legitimar ideas, actitudes y prácticas machistas, con el fin de poner en evidencia las trampas que pone la industria musical heteropatriarcal  para naturalizar el abuso sexual.

El merenguero dominicano Eddy Herrera, hace más de diez años lanzó el tema “Demasiado niña”. En esta canción sin maniobras discursivas, este macho intérprete expone su deseo erótico de poseer a una niña de 13 años: 

“Si tú no fueras tan niña / yo te llevara conmigo / y si no fueras tan angelical  / mi amor a ti yo debería entregar  / te pido que me perdones  / si mis palabras te hieren  / no es esa mi intención  / es que te falta conocer más del amor”.

“Y es que eres demasiado niña / para empezar amar  / eres como una fruta nueva  / que no se debe tumbar  / y es que eres demasiado niña bebe  / para empezar amar  / apenas tienes 13 años  / y no sabes besar”.

Este corresponde a uno de los “hits” de este dominicano, que ha causado euforia entre los y las amantes a los ritmos tropicales cuando ha visitado Nicaragua. A pesar que en su momento hubo cuestionamientos a este tema, no importó mucho, el ritmo era pegajoso y por eso seguramente dio recientemente voz a lo que se entiende como una continuidad de “Demasiado niña” y que tituló “Ahora soy yo”:

“Ahora soy yo que quiero tenerla / ya no es una niña es toda una hembra / ahora soy yo que ando loco por ella / me tiene perdiendo el sueño / y en la cama dando vueltas”. 

La miré, me miró / sonreí, sonrió/ me acerqué, se acercó / le dije: ¿cómo estás? / le pregunté su edad, me dijo: 23 /soy la niña, ahora toda una mujer".

¿Y si nos vamos a una clásica "romántica"? Si viajamos un poco en el tiempo, encontramos al venezolano Guillermo Dávila, cantante, compositor y actor de telenovelas, intérprete de “Sin pensarlo dos veces”. Así con esa velocidad que propone, leamos algunas líneas de esa canción:

“Dios, que hermosa te ves / que me provoca violarte de amor”.

“Es mi vida en tus ojos que me gritan que no / que no existe más nadie y tu hombre soy yo”.

“Sin pensarlo dos veces la empuje a la pared / le arranque el vestido y la llené de amor / sin pensarlo dos veces me abrazó y me besó / sin pensarlo dos veces nos violamos de amor”.



Es impresionante lo que encontramos cuando hacemos una lectura con perspectiva de derechos y de género en esas “líricas” que la industria musical nos impone y que pretende consumamos sin cuestionar. 

“Sin pensarla dos veces” nos muestra como en nombre del amor, el patriarcado justifica los abusos y agresiones sexuales contra las mujeres. No se aleja mucho Romeo Santos, quien ha interpretado decenas de temas impregnados de machismo, entre ellos “Propuesta indecente”:

“Y si te invito a una copa / y me acerco a tu boca / si te robo un besito, al ver que no vas conmigo/ ¿qué dirías si esta noche te seduzco en mi coche? / que se empañen los vidrios si la regla es que goces”.

Si te falto el respeto / y luego culpo al alcohol / si levanto tu falda ¿me darías el derecho a medir tu sensatez?”.

¿No te parece un delito esa “propuesta indecente”? Los hijos sanos del patriarcado siempre encuentran manera para justificar sus delitos, y Romeo Santos en ese tema descaradamente habla de culpar al alcohol para evadir el abuso sexual.  Y por si ese tema no es suficiente para demostrar el poder y control masculino sobre los cuerpos de las mujeres, veamos que dice en la canción “Eres mía”:

“No te asombres si una noche / entro a tu cuarto y nuevamente te hago mía / bien conoces mis errores / el egoísmo de ser dueño de tu vida / eres mía (mía mía) / no te hagas la loca eso muy bien ya lo sabías”.

Son muchas las canciones donde podemos identificar cómo los mecanismos de opresión del sistema patriarcal juegan un papel de naturalización pero nunca de cuestionamiento frente a las violencias machistas. El tema “Tatuajes” de Elvis Crespo, también contribuye a reforzar esta idea:

“Mami apaga las luces y cierra los ojos / déjame tomar control de la situación  / ¡Échate para acá!

Con estas líneas que repasamos de estas canciones podemos tener certeza que la cosificación de los cuerpos de las mujeres es uno de los mecanismos muy presentes en los discursos de éstos macho intérpretes. 

La imagen de la mujer aparece siempre como un objeto sexual que todo hombre puede poseer sin importar las implicancias que ese abuso significa en la vida y cuerpos de las mujeres que lo sufren.

Tampoco se percibe temor ante los instrumentos jurídicos que regulan este delito porque a cómo expresan en sus músicas estos “súper hombres”, encuentran maneras para justificar lo injustificable. Buen oído con lo que escuchamos y coreamos, el abuso sexual es un delito y existen instrumentos nacionales e internacionales que lo tipifican de esta forma. 

Imagen tomada de la iniciativa Yo te creo de MCAS. 







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