viernes, 30 de enero de 2015

Bam bam: Oda al acoso callejero

“La verdadera intencionalidad no es otra que el control del cuerpo de las mujeres en el espacio público. El problema es el conflicto que surge cuando una mujer ocupa la calle y se muestra ante sí misma y ante el resto de la sociedad como dueña de su sexualidad”.
Concha Solano Ramírez



Durante los últimos años diversidad de organizaciones feministas en varios países del mundo han colocado en el debate público la implicancia que tiene en la vida de las mujeres el acoso callejero, mal llamado “piropos” en muchos lugares.

Se ha denunciado el control sobre los cuerpos de las mujeres que los hombres creen tener como parte de los privilegios que les otorga el sistema machista, lo que les hace pensar que pueden decir cualquier bascosidad a una mujer en cualquier espacio, aun cuando existan marcos jurídicos que lo tipifiquen como delito.
Este ideario machista está presente en las iglesias, en la casa, en la cama, en la calle, en la escuela, en las instituciones, en los medios de comunicación, en los Estados, en el ciberespacio y por supuesto, las trampas del patriarcado también se fomentan desde la industria musical.
Sin duda alguna que el grupo panameño “Rabanes” ha contribuido mucho a legitimar lo que constituye un atropello a los derechos humanos de las mujeres, de caminar tranquilas, sentirse seguras, de vestirse como ellas quieran, evidenciado en la canción “Bam bam”:  
“Las muchachas hoy en día/ Viven pendiente a la moda /Las muchachas en la calle / Se arreglan bien a la moda /En busca de aquel piropo / Que siempre las enamora / De la popular poesía / Picante y cautivadora”

¿Será que las mujeres se visten para agradar a los hombres y para que éstos las evalúen? ¿Y es que a todas las mujeres les gustan afectiva  y eróticamente solo los hombres? ¿Y es que todos los hombres son heterosexuales? ¿Un atentado a la integridad de las mujeres puede convertirse en una “poesía cautivadora”?

Y es que tanto lo privado como lo público son espacios de peligro para las mujeres. Y aunque en las calles se diga que el riesgo es parejo para hombres y mujeres, esto se desmiente cuando se aplica una perspectiva de género al tema de la seguridad ciudadana.
El “piropo” refuerza en el imaginario social la idea de que las mujeres necesitan que las “halaguen” para que se sientan bonitas, inclusive su naturalización libera de la culpa que debe recaer sobre los hombres y se le traslada a las mujeres, ubicándolas como “provocadoras” de todas las situaciones de acoso, abuso sexual o violación, algo que deben aceptar porque son mujeres.


La cosificación de los cuerpos de las mujeres es también un elemento que debe analizarse en situaciones de acoso callejero, puesto que ellas son colocadas como objetos sexuales, dadoras de placer, cuerpos que deben estar disponibles para exhibirse y  ser poseídos:
“Me gustan las yales rudas, con explosiva figura / Me gustan las chicas rudas, que tienen sinvergüenzura / Y cuando toca Rabanes, siempre ellas hacen sus travesuras / Y cuando toca Rabanes, ellas lo mueven con sabrosura”

Cuerpos que además tienen que cumplir con parámetros heteropatriarcales de belleza femenina para que puedan ser atractivos para los hombres y las que no encajen en dichas exigencias serán víctimas de estigma y discriminación, a cómo podemos leer a continuación:
“Si no tienes bam bam, no te van a mirar/ Ninguno de los pelaos de la avenida central”

“Sin Bam bam no te quieren mami / Sin Bam bam no te piropean/ Sin Bam bam no te quieren negra/ sin Bam bam no… que va”

Los límites del abuso no existen. Es generalizado que los hijos del patriarcado tengan en su mira  de potenciales víctimas a niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y de la llamada tercera edad. 
Todos los cuerpos de las mujeres están propensos a sufrir de la violencia callejera de parte de albañiles, fontaneros, técnicos, universitarios, profesionales, vendedores ambulantes, conductores de automóviles, taxistas, motorizados y todo macho que transite por el espacio público.
“Ay algunas se ponen bravas porque nadie las piropea /Ay algunas muy arregladas y nadie las piropea /El hombre busca el pedazo, y no le importa cómo se vea /El hombre busca el pedazo, aunque sea prima de Betty la fea”

“Yo aprendo de las viejitas / Enseño a las nuevecitas / Saboreo a las flaquitas / Disfruto de las gorditas”

Y por supuesto, los fundamentalismos religiosos no pueden faltar en sociedades donde imperan las desigualdades, donde se oprime a quienes puedan restar poder a la hegemonía masculina. Y la figura de Dios resalta, justificando y legitimando una clara manifestación de la violencia machista.
Se manipula la figura “divina” para normalizar el acoso callejero, posicionándose el pensar de que mientras existan mujeres en el mundo, siempre deberán haber hombres que tendrán todo el derecho de poseerlas, de evaluarlas, que las van a etiquetar según su apariencia corpórea, puesto que son un regalo de Dios para ellos:

Si Dios nos mandó mujeres, yo creo que todas son muy bonitas /Si Dios me premió con ellas las quiero a todas por igualitas”

¿Qué rico la hemos bailado y coreado verdad? Si no construimos capacidades que nos permitan cuestionar los mecanismos de opresión del sistema patriarcal, estamos propensas y propensos a caer en las trampas discursivas que ha diseñado el machismo, las cuales están muy bien estructuradas esperando presas, que por décadas hemos caído fácilmente.




lunes, 26 de enero de 2015

Cacería de mujeres

Recientemente se ha desatado polémica virtual por la cacería indiscriminada de aves promovida por empresas turísticas en Nicaragua, que han publicado tales “hazañas” es sus redes sociales virtuales como parte de las “aventuras” que ofrecen en su bandeja de servicios.
De parte de una de estas empresas se logró respuesta casi instantánea, expresando que no volverá a suceder, y de inmediato se hizo viral tal victoria de las redes sociales virtuales. Es una buena noticia, sobre todo por la preservación y el respeto a nuestra fauna.
Aunque de que lo digan a que lo hagan, eso quien sabe. De lo que seguramente se cuidarán, es de las fotos que publican es sus redes. Pero ¿Por qué no causa la misma indignación virtual –así tan masivamente como la matanza de aves- los asesinatos de mujeres?
En lo que va del 2015 ya se registran cuatro femicidios en Nicaragua. Algunas/os ni sabemos de este dato. Las activistas feministas y defensoras/es de derechos humanos igualitarios, no detienen sus luchas para que se frene el terrorismo machista, sin embargo, muchos/as cibernautas que sí se indignan por la muerte de aves o que se preocupan por las tiraderas de las mises, no se solidarizan en denunciar la cacería de mujeres, que sucede todos los días.
Mi punto no es descalificar las luchas ambientalistas, yo abrazo esas causas. También son mis causas. Me indigna y denuncio todo lo que agreda a la flora y fauna en todo lugar. Tampoco busco decirle a la gente que publica y que no.
La invitación que hago a las/os cibernautas es que así como nos indignamos o nos emocionamos por ciertos eventos, haríamos justicia para las mujeres –nuestras madres, hermanas, primas, sobrinas, amigas, vecinas- si de igual manera condenáramos todo tipo de violencias machistas y  femicidios, esos abusos y crímenes que los medios de comunicación y el Estado insisten en nombrar de otra manera, incluso invisibilizar.



jueves, 15 de enero de 2015

Urge nombrar las desigualdades


“Hemos aprendido con el feminismo que el nombrar la realidad nos permite visibilizarla”.

Norma Vázquez

Ayer que llegué a la casa se me dio por ver tele, di un recorrido por los canales nacionales de tv abierta –porque no tengo cable- y cuando pasé por Canal 12 detuve el saping. Estaba uno de esos llamados talk show, en concreto ¿Quién tiene la razón?

Se abordaba la siguiente situación: Una mujer lesbiana renta un cuarto en una casa donde convive una madre con su hijo, un hombre joven que hace su carrera universitaria. La madre paga con el dinero del alquiler, los estudios de su hijo, las exigencias de este y además, ajusta para solventar otros gastos domésticos.

El hijo resulta que es lesbofóbico (en el programa mal utilizaron reiteradamente el término “homofóbico”) y rechaza que la mujer lesbiana conviva con ellos y que tenga amistad con su madre ya que “eso se pasa” y porque “Dios creo hombre y mujer”.

La conductora del programa trató de moderar la discusión, sin embargo, el debate de principio a fin, careció de perspectiva de género y de un enfoque basado en derechos humanos igualitarios.

De hecho, además de la conductora, en el programa había tres “especialistas/comentaristas” que “aportaban” a la discusión. Uno de ellos, híper machista, orientó estas preguntas a la mujer lesbiana: ¿Y por qué no rentas un cuarto donde vivas sola, donde no tengas que estorbarle a una familia? ¿Por qué no te vas de esa casa para no seguir desintegrando esa familia?

No hubo cuestionamientos al comentario lesbofóbico. Las otras intervenciones trataban de tener una postura de “comprensión” y “tolerancia a las diferencias, con un discurso escasísimo de reflexión.

Evidentemente acá se presentaba un grave problema, que tiene nombre, la lesbofobia, que genera enormes desigualdades y que para ser abordado en medios de comunicación es importante el debate con una postura libre de prejuicios y de tabúes, alejado de los fundamentalismos religiosos, apegado al derecho, con una moderación adecuada, porque de lo contrario nunca jamás podrá ser fructífero.

La conductora tenía gran interés en responder a la pregunta de su programa ¿Quién tiene la razón? No se la dio a nadie. Durante el desarrollo del caso, la mujer lesbiana comentó ser víctima de insultos, de invasión a su privacidad, ingresos sin autorización a su cuarto, su computadora y sus redes sociales virtuales cuando las dejaba abiertas.

Acá hay un delito. No obstante, de eso nadie habló en este talk show. La discriminación contra las personas LGBTI está penalizada, así como la invasión a la privacidad. El movimiento feminista y de la diversidad sexual mundial han emprendido una gran lucha para que se nombren, visibilicen y denuncien todas las desigualdades.

Reducir las situaciones de discriminación por orientación sexual e identidades de género a un espectáculo, un aperitivo más para el entretenimiento y el consumo heterosexualcentrista, nada de eso aporta a la reivindicación de derechos humanos de todas aquellas personas que históricamente han sido y siguen siendo oprimidas y oprimidos por el sistema patriarcal y machista.

Es preocupante que se estén consumiendo programas que no muestran a las audiencias, alternativas ante la ola de violencias machistas, aun cuando la academia diga que las funciones de la televisión y los medios de comunicación en general son: educar, entretener e informar. Sin embargo, lo de educar o informar responsablemente no existe en la industria heteropatriarcal de los monopolios de la comunicación. 

lunes, 12 de enero de 2015

Miedo de cerrar los ojos


“Tengo miedo de cerrar los ojos. Tengo miedo de dormirme y ya no despertar”.